Hace cuatro meses, Oliver Solberg daba miedo. Olía a serio candidato al título mundial de este año, siendo capaz de extraer más de su Toyota GR Yaris Rally1 que sus más veteranos compañeros de equipo y de los complicados neumáticos Hankook (especialmente en tramos largos) después de su victoria en el Rally de Monte-Carlo.
Estamos en la séptima prueba del año y, ¿Qué ha pasado? Tras un cuarto puesto en Suecia, donde abría pista el primer día, una racha horrenda. Nada te protege de las inclemencias del Rally Safari y, tras su abandono por problemas en el alternador, pudo sacar un 10º. Pero en Croacia se salió de la pista en el primer tramo del rally. Y en Canarias fue al final, peleando contra Sébastien Ogier con el cuchillo entre los dientes - tratando de presionar a quien nunca cede bajo presión.
Tras el segundo puesto de Portugal, en Japón ha vuelto a ocurrir. Esta vez sí estaba superando a Ogier, pero ahora la referencia era Elfyn Evans, un maestro del asfalto que ya ha ganado dos veces aquí y en 2025 fue segundo detrás de Ogier (quien también ganó el último Rally de Japón celebrado en Hokkaido, entonces sobre tierra). Durante toda la segunda etapa ha ido acercándose poco a poco al galés hasta que, en la segunda pasada por Mt. Kasagi, se pasó de la raya.
El vídeo lo dice todo. Entra pasado a una curva de izquierdas, con la mala suerte de dar con un poste con el que arranca la rueda trasera derecha. Adiós a sus opciones de victoria, y ya van tres errores similares. De sentenciar Evans este rally con victoria, sin contar los puntos que cada uno saque del Super Sunday y el Wolf Power Stage, la diferencia será de unos 50 puntos, prácticamente dos rallies enteros de diferencia.
En un WRC al que le quedan ahora 7 rallies de tierra consecutivos y con el actual sistema de puntuación, una remontada es posible - y desgraciadamente para Evans, sabe perfectamente lo que es quedarse sin título en el último momento. No obstante, Solberg ya lleva, literalmente, tres strikes, y si no se ha eliminado de la lucha por el título, se está acercando cual Ícaro al sol. Lo que no quita otra cosa: ese Solberg que dio miedo a sus rivales en Monte-Carlo no fue ningún espejismo, cuando no comete errores es más que capaz de pelear. Y, si esos errores se previenen, repetir el logro de su padre Petter es más que plausible.