Sainz muestra sus cartas a Al-Attiyah

Quinta victoria de etapa para el espa

Sainz muestra sus cartas a Al-Attiyah

Nacho Villar

Sainz y Al-Attiyah. Al-Attiyah y Sainz. Tanto monta, monta tanto. Un mismo coche, el Volkswagen Race Touareg, pilotado por dos hombres que persiguen un mismo destino: alcanzar Buenos Aires como héroes. El primero ya lo saboreó el pasado año, pero quiere volver a experimentarlo en sus propias carnes antes de que la memoria convierta esa sensación en un bonito recuerdo. El segundo lleva tres años quedándose a las puertas, y espera que a la tercera sea la vencida.

Hoy la lucha entre ambos ha vivido una nueva escena sobre la arena del desierto. Al qatarí le tocaba abrir carretera por segundo día consecutivo, y ha vuelto a poner a prueba la resistencia de su Volkswagen Touareg lanzándolo sin contemplaciones en cada bache, en cada duna; todo vale para dejar atrás al hombre con el que se ha jugado el rally los dos últimos años. Pero hoy Sainz ha vuelto a demostrar su garra de Campeón. Aunque ambos han rodado durante prácticamente todo el día en un pañuelo, esta vez ha sido el madrileño quien se ha aprovechado de los problemas de su rival, que pinchaba una rueda y veía cómo Carlos pasaba a ocupar su puesto como avanzadilla de la caravana.

Aún así el qatarí no se ha venido abajo, ha continuado apretando los dientes, forzando las suspensiones de su coche, dando rienda suelta a su ansia de victoria hasta conseguir que Lucas Cruz viera la estampa de su Touareg por el retrovisor. Faltaban unos pocos kilómetros para la llegada. En ese momento se ha vivido sobre la pista la lucha de dos gladiadores empeñados en demostrar su valía sobre el otro. Al-Attiyah adelantaba como una bala a Sainz. Los dos Touareg seguían caminos paralelos. El español respondía al envite acelerando a fondo para coronar la última pared por delante de su rival. Nasser volvía a dejar su firma tirándose sin contemplaciones, a por todas, ladera abajo, por medio de la maleza. La tensión se palpaba en el ambiente, y en los ojos de Cruz. Sainz mordía el tubo del líquido hidratante. Los dos coches azules se volvían a cruzar dando saltos a toda velocidad. Alcanzaban la línea de meta prácticamente a la par.

Sainz llegaba en segundo lugar, pero conseguía su quinto triunfo parcial recuperando 1´56 y reduciendo su distancia con el líder a 3´18. Ambos bajaban del coche como dos auténticos guerreros del desierto, bañados en sudor, jaleados por el público, el gesto aún forzado por el estrés. Nasser se quitaba el sotocasco, recibía el saludo de un miembro del equipo y se quedaba mirando fijamente a Sainz. El español mantenía rostro de concentración, daba un trago a la bebida energética, y apretaba con fuerza la mano que le tendía su copiloto Lucas Cruz en un gesto procedente del fondo del alma con el que parecía decir "lo hemos dado todo, Matador". 

Esta noche Sainz no contemplará desde una tienda de campaña el precioso cielo estrellado que lucha contra la oscuridad en esa parte del desierto. Hoy deberá dormir bien, al día siguiente tiene por delante una etapa clave que tendrá la meta en Fiambalá, un territorio que puso a prueba su paciencia al posponer un año más la culminación de su hazaña. Mañana Carlos se jugará buena parte de sus opciones al Dakar, tendrá la oportunidad de resarcirse, de borrar una cuita del pasado.