La 40ª edición del Rallye 1000 Lagos se disputó la penúltima semana del mes de Agosto de 1990. Carlos Sainz y Luis Moya afrontaban la octava cita del calendario con la moral muy alta tras sus victorias en el Acrópolis y Nueva Zelanda, con el título al alcance de la mano; y, también, con ganas de enmendar el accidente sufrido en ese escenario el año anterior cuando estaban luchando por el triunfo.
Agitado comienzo
La pareja española, haciendo gala de su profesionalidad y su hambre de victoria, había preparado el 1000 Lagos a conciencia, con el ánimo de batir a los especialistas nórdicos en su propio terreno, una hazaña que ningún piloto había logrado hasta la fecha. Sin embargo, la fortuna les dio un revés y, dos días antes del comienzo del rallye, se hallaban entrenando el tramo de Vasalla cuando, al superar un rasante, se encontraron dos coches aparcados en mitad de la carretera. Instintivamente, Carlos frenó bruscamente y el Celica golpeó con el margen izquierdo del camino. En el accidente el pie izquierdo de Sainz resultó lesionado, así que el médico del equipo Toyota y un fisioterapeuta finlandés trabajaron duro tratando de que el madrileño saliera al rallye en un estado físico lo más óptimo posible; pero, aún así, Carlos tuvo que afrontar el 1000 Lagos con una zapatilla deportiva en lugar del botín de piloto tal era el nivel de hinchazón de su pie izquierdo.
De esta guisa tuvo Sainz que afrontar los 527 kilómetros cronometrados y las 42 especiales de un rallye que contaba con un apabuyante plantel de inscritos: Lancia estaba representada por Didier Auriol y Juha Kankkunen, Ford alineaba cuatro Sierra RS Cosworth 4x4 en manos de Malcolm Wilson, Penti Airikkala y Franco Cunico, Mazda competía con dos Flying Finns como Timo Salonen y Hannu Mikkola, Subaru lo hacía con Markku Alén, mientras Mitsubishi contaba en nómina con Ari Vatanen y Kenneth Eriksson para llevar los Galant R-4. También andaba por allí un tal Marcus Gronholm pilotando un Toyota Celica GT-Four como los de Sainz y el sueco Mikael Ericsson.
Sainz, a por KKK
El banderazo de salida se dio el jueves 23 de Agosto con una súperespecial en la que, ya de entrada, uno de los principales rivales de Sainz de cara al título, el francés Didier Auriol quedaba fuera de combate al estrellar contra un árbol su Lancia Delta Integrale. En cambio, su compañero de equipo Juha Kankkunen empezaba con ganas dispuesto a llevarse su primera victoria en el rallye de su país, pero tan solo lograba distanciarse por dos segundos de otro piloto que estaba deseando coronarse en el 1000 Lagos: el español Carlos Sainz, que, afortunadamente, no sufría demasiadas molestias en su pie izquierdo al accionar el pedal del freno de su Toyota Celica GT-Four. La lucha en esta primera etapa fue igualadísima entre los principales favoritos, pues al final del primer día un total de once pilotos rodaban en un pañuelo de menos de un minuto.
Al día siguiente, el madrileño tenía por delante un importante desafío que ya había logrado el año anterior: tratar de seguir a KKK sobre unos tramos que estaban al ladito de la granja del finlandés en su localidad natal de Laukaa. Sin embargo, conforme avanzaban los tramos las diferencias entre ambos eran mínimas, y, en la cuarta especial de la jornada, Juha tenía que dar la victoria por perdida. El cable del acelerador de su Lancia se rompió, y al finés no le quedó más remedio que subirse al capó de su coche para accionar el acelerador con un alambre mientras su copiloto por aquel entonces, su tocayo Juha Piironen, se colocaba al volante del Delta Integrale. Como resultado, la pareja finlandesa cedió alrededor de cinco minutos y todas sus posibilidades de ganar por primera vez el rallye de casa.
Vatanen vs Sainz
De esta manera, Sainz llegaba a la meta de la segunda etapa en primera posición, pero iba a afrontar la durísima tercera etapa -que constaba de dieciséis tramos y 250 kilómetros cronometrados- con tan solo dieciséis segundos de ventaja sobre otro piloto de la tierra, Ari Vatanen, que había regresado con un hambre de victoria voraz tras su brutal accidente en el Rallye de Argentina de 1985 con el Peugeot 205 T-16 en el que a punto estuvo de perder la vida -su primer éxito una vez recuperado fue su famosa victoria en la subida al Pikes Peak de 1987 con el monstruoso Peugeot 405 T-16-.
Pero la suerte no le acompañó al piloto de Mitsubishi en la jornada del sábado, pues se quedaba a cuarenta segundos de Sainz tras los cinco primeros tramos del día después de un pinchazo y un trompo. Aún así, Vatanen no se rindió. Estaba encontrándose de nuevo con su mejor pilotaje y volvía a atacar a Carlos en la segunda mitad de la etapa. Pero Carlos se mostró impertérrito y mantuvo el liderato al término del penúltimo día de carrera con una renta de casi cincuenta segundos sobre el hombre que había ganado el Campeonato del Mundo nueve años antes con un Ford Escort RS 1800.
La estocada del "Matador"
La victoria del español parecía coser y cantar, pero Vatanen se mostró como un hueso muy duro de roer y no tiró la toalla. El piloto de Mitsubishi salió con el cuchillo entre los dientes a los tramos del domingo y, en sólo tres especiales, redujo su ventaja son Sainz hasta los veinte segundos. Carlos estaba apretando a tope, pero aún así los tiempos del finlandés eran mejores que los suyos. Con la línea de meta a la vista, tocaba decidir qué hacer en los últimos compases del rallye: conservar pensando en que la retirada de Auriol dejaría al español muy bien situado en la general del campeonato, o darlo todo por conseguir la victoria en el 1000 Lagos. Ove Andersson le dijo a Sainz que lo único que le pedía era que llevara el coche hasta la meta; y el madrileño, al que siempre le ha apasionado ganar, no lo dudó y puso toda la carne en el asador, arriesgándose incluso a montar un compuesto de neumáticos que no habían probado hasta entonces.
Por fortuna, la jugada le salió bien a la pareja española, que marcó tiempos muy parejos a los de Vatanen en los cinco último tramos, y pudieron llegar a la lína de meta con el sueño cumplido. Aquel domingo 26 de Agosto de 1990, Carlos Sainz y Luis Moya lograron una hazaña épica: fueron los primeros pilotos no nórdicos capaces de ganar una prueba tan mítica como el 1000 Lagos. Aunque no sonó el himno español -la organización del rallye no lo tenía preparado pensando que nadie iba a quebrar el monopolio de los pilotos escandinavos-, Sainz y Moya festejaron su gesta con la bandera de nuestro país, enarbolada por sus compañeros de equipo Mikael Ericsson y Claes Millstam, como telón de fondo. El "Matador" -como empezó a apodarle Juha Piironen- salió en hombros por la puerta grande del podio de Jyvaskyla.
Clasificación Final Rallye de Finlandia 1990:
1º- Carlos Sainz (Toyota Celica GT-Four) 4h40´55"
2º- Ari Vatanen (Mitsubishi Galant VR-4) +19"
3º- Kenneth Eriksson (Mitsubishi Galant VR-4) +4´58"
4º- Markku Alén (Subaru Legacy RS) +5´52"
5º- Juha Kankkunen (Lancia Delta Integrale 16v) +6´15"
6º- Timo Salonen (Mazda 323 GTX) +8´07"