Loeb y Solberg reabren la hemeroteca

Deber

Loeb y Solberg reabren la hemeroteca

Nacho Villar

Noticia 2ª Etapa Rallye de Gran Bretaña

El Rallye de Gran Bretaña, la prueba que clausura el Mundial de 2010, que pone fin a la era actual de los WRC, a la última evolución de los coches que vinieron a sustituir a los Gr.A, ha desecadenado la paradoja de ver cómo se juegan el triunfo dos de los hombres más veteranos del campeonato, dos pilotos que lo han conseguido todo, precisamente, en la historia más reciente del campeonato que ahora llega a su ocaso: Sébastien Loeb y Petter Solberg.

Dos viejos conocidos que en su día pelearon cara a cara por el Mundial han vuelto a mirarse de frente en Gales, esta vez a bordo del mismo vehículo, pero con objetivos bien diferentes. Uno pelea para volver a encontrarse con el triunfo, para compensar anímicamente los esfuerzos que lleva haciendo estas dos últimas temporadas, con el fin de demostrar que, pese a sus años, sigue siendo competitivo y aún debe tener un sitio en el Mundial. El otro, sin embargo, lo hace porque no sabe pilotar de otra manera más que buscando ser el número uno, el dulce sabor de la victoria.

El día ha despuntado con la bóveda celeste y los rayos de Sol reverberando sobre las praderas galesas. Ayer el pinchazo de Latvala en el último tramo dejó al frente de la general a Loeb y a Solberg, seguidos de cerca por un joven intrépido llamado Ogier que pretende pisar los terrenos que pisa su próximo jefe de filas. Pero nada más comenzar la etapa el chico de Gap volvía a morder el anzuelo, se venía arriba cuando veía en los parciales que iba a una décima de su tocayo, apretaba más de la cuenta, y él solito se apartaba de la lucha con terceros por la victoria y consigo mismo por el subcampeonato. Al menos entonaba el "mea culpa" mientras contemplaba con desánimo el estado en que había dejado el C4 oficial; tal vez los tres accidentes consecutivos que lleva sean parte de su preparación en su intento de asaltar el Mundial el próximo año, o tal vez es que, sencillamente, Loeb ya le tiene comida la moral, por si las moscas.

A partir de entonces Solberg y "Seb" se quedaban peleando en solitario bajo el Sol galés, sobre unos tramos mixtos similares a aquellos Mickey Mouse tan célebres por estos lares antes de que los dos empezasen a brillar en el Mundial. La pelea entre el francés y el noruego era terrible, segundo arriba segundo abajo. Loeb volvía a dejar patente su voracidad, se salía ligeramente en un ángulo lento y hacía un trompo completo en otro demostrando que no se estaba guardando nada, que quería despedirse de su querido C4 como sólo sabe hacer, ganando. Petter no era capaz de aprovechar los errores de su contricante y entonces echaba mano de la picaresca, declarando en el parón del mediodía que su rival estaba cortando deliberadamente las curvas más de lo normal para ensuciarle más la trazada. Lo que buscaba era desequilibrar al francés. Tretas de veteranos, de dos hombres aficionados a ganar.

Para las segundas pasadas el firme de los tramos estaba un poco mejor que por la mañana. Entonces "Seb" asestó el golpe de efecto, contestó a las insinuaciones de Solberg con el casco puesto y el cronómetro como balanza. Al final del día los dígitos de Kronos mostraban una ventaja de cinco segundos para el francés. Mañana continuarán con la mirada tensa, el pie sobre el acelerador. Vivirán un nuevo capítulo de su guerra callada, la de dos hombres con caracteres opuestos, intenciones distintas, que comparten una cualidad: su pasión por ganar.