Las dunas sepultan el liderato de Sainz

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Las dunas sepultan el liderato de Sainz

Nacho Villar

La octava etapa, como la de ayer y la de mañana, figuraba en el calendario del Dakar marcada con una cruz roja, de alerta, como esos días de exámenes de Selectividad en los que un estudiante sabe que se va a jugar el destino de su carrera profesional. Los quinientos kilómetros de distancia entre Antofagasta y Copiapó, bordeando la costa chilena, a través de un desierto en el que la soledad y las sombras que dibujan las dunas constituyen la única compañía en el camino, configuraban uno de esos días en los que la clasificación del Dakar puede dar un vuelco al capricho de la ruleta.

Y, en efecto, así ha sucedido. Al-Attiyah, vencedor de la etapa precedente, salía en cabeza trazando las primeras incisiones sobre la fina arena del desierto, dispuesto a seguir seduciendo al cronómetro. Mientras su compañero Sainz sabía que debía responder a la ofensiva que le había lanzado el qatarí el día anterior, así que arrancaba con determinación a dar un golpe de moral de los suyos, esos que legitima con el volante entre las manos.

En esa dirección hablaban los tiempos parciales, que colocaban al español en cabeza con una ventaja superior a la que su rival le había recortado el día anterior. Pero entonces, en la parte final de la etapa, un continuo vaivén de dunas y baches, ha salido a relucir el conocimiento del medio por parte de Al-Attiyah. El árabe ha querido jugar de nuevo a la liebre con su compañero de equipo, y los dos Touareg, repitiendo imágenes de hemeroteca, se han encontrado frente a frente sobre la arena, dos motas de color azul eléctrico en medio del inmenso desierto luchando cada una de ellas por tomar el camino correcto, la vía más rápida, "yo por aquí, tú por allí", como dos personas que compiten por ver quién sale antes del laberinto.

Esta vez la mirada lúcida ha sido la de Al-Attiyah, que ha sabido elegir la senda adecuada ante el rostro tenso de Sainz, que veía cómo el portón trasero del Touareg de su compañero se alejaba cada vez más. En su intento por reprimir la huida del qatarí Carlos ha caído presa de las garras del desierto: primero la cresta de una traicionera duna y después una zanja poco visible han frenado el avance del madrileño, su coche anclado en la arena mientras su compañero volaba hacia su tercera victoria de etapa, al liderato del Dakar.

La crudeza del desierto le ha costado a Sainz una pérdida de 5´14" y la primera posición de un rally que hasta ahora había dominado con mano firme desde el principio. A falta de cinco etapas para el final la situación ha cambiado, y Carlos no tiene más remedio que exprimirse para salvar esa distancia que ha cedido hoy