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François Delecour no se rinde. Sigue erre que erre... Se ha propuesto ganar otra vez el Montecarlo, volver a descorchar el champán de la victoria entre el lujo y el boato del Principado, como en 1994, saborear de nuevo, dieciocho años más tarde, las mieles del triunfo, un regusto que ya casi ha olvidado... Pero, el próximo mes de Enero, lo volverá a intentar.
La pasada temporada estuvo cerca de conseguirlo con un Peugeot 207 S2000 decorado con los colores del gobierno de Rumanía. Por un momento creyó que lo había logrado. Llegó a acariciar ese sueño en medio de una estampa invernal magnífica. Niebla, hielo, y silencio, una atmósfera blanca, copos por todos lados, nieve y más nieve en lo alto de la montaña. De cuento... Pero, en el Turini, escenario de leyenda, se le escapó.
A pesar de los pesares, de llevar casi un año sin competir, de no conocer la nueva reglamentación, de sus cuarenta y nueve primaveras... el próximo mes de Enero, Delecour lo volverá a intentar.
Nunca fue un hombre de rendirse fácilmente. Si no, que le pregunten a Panizzi... Así que el francés, con un par, ha decidido inscribirse de nuevo en el Montecarlo, volver a emerger en el Mundial, en otro Mundial al que él conoció, con un coche muy diferente a los que pilotó con bravura durante su carrera: un Ford Fiesta RS WRC.
Al volante del nieto de aquel Escort RS Cosworth, con el que se coronó en el 'Monte' de 1994, Delecour emprenderá una nueva intentona, la última, tal vez, en su deseo por sentir de nuevo la adrenalina de la competición, por volver a sentirse piloto, por cumplir el sueño que, dieciocho años atrás, convirtió en realidad.