Dicen que cuando se está cerca de cumplir los cincuenta el hombre echa la vista atrás, hace balance e intenta volver a hacer las cosas que más han llenado su vida hasta ese momento. Algo parecido le debe ocurrir a Delecour. El francés puso fin a su carrera deportiva en el año 2002, cuando el equipo Mitsubishi decidió retirarse un par de temporadas para decidir qué camino seguir. Pero ahora, nueve años después, en lugar de retirarse a una apacible zona de Flandes, François parece que quiere volver a ponerse los guantes.
Después de terminar quinto el Rallye Montecarlo del centenario con un Peugeot 207 S2000, de demostrar su experiencia, su sabiduría de "zorro viejo", su conocimiento del medio montando ruedas claveteadas para el último bucle de la segunda jornada, cuando apareció la nieve; Delecour, además de plantearse la posibilidad de correr alguna otra prueba del IRC, lleva negociando varias semanas un programa para disputar el Campeonato de Italia de Asfalto con el equipo RB Motorsport al volante de un WRC.
Por el momento la opción más factible resulta la de correr con un Citroën C4 WRC que ya ha pasado por las manos de Sébastien Loeb. Pero también entra en las quinielas como posible coche un Peugeot 206 WRC, un vehículo de sobra conocido por François, que participó activamente en su desarrollo y lo condujo durante sus años de oficial en la marca del león -desavenencias con Panizzi incluídas-. Ya no hará disbluras con un Grupo A ni hará enloquecer al público exprimiendo al máximo el motor de un Kit-Car. Pero no hay duda que volver a ver a todo un especialista en asfalto, a un piloto de raza como Delecour bajando por una carretera de las montañas italianas llena de curvas, resoplando, con la mirada inyectada, el mono remangado, las pulsaciones a tope y los dedos apretando con energía los aros del volante para bajar marchas... suena tentador.