Mads Østberg intentó prolongar su idilio todo lo posible, pero la lógica siempre es demoledora. En la segunda etapa la nieve siguió inundando todo el paisaje de los tramos suecos, una infinita llanura de color blanco, símbolo de una nueva era que acaba de comenzar en la que aún está todo por escribir. Con estas condiciones los que veían encenderse el semáforo antes que sus compañeros tenían que pagar el pato de limpiarles la carretera, daños colaterales del privilegio de ser los primeros en recibir los aplausos. No obstante el joven noruego de Stobart fue capaz de mantenerse como líder durante los tres primeros tramos del día, pero en el cuarto Hirvonen, que salía justo detrás, volvía a experimentar lo que es encabezar la general de un rallye del Mundial. Borrón y cuenta nueva parece querer hacer el finlandés ante el inicio una nueva oportunidad de materializar la gesta de la que le separó un punto en 2009.
El que también quiere comenzar su relación con el Ford Fiesta RS WRC "mojando" es su compañero Latvala. Jari-Matti ha seguido haciendo gala de ese pilotaje suyo, agresivo, todo o nada, aunque la chapa de su coche tuviese que pagar de nuevo las consecuencia; el espigado finés ha ido acortando diferencias por la tarde hasta colocarse tercero después de superar a Solberg, que salía por delante; pero después ha preferido levantar el pie y dejar que sea el noruego quien salga mañana por delante. Latvala logró su primera victoria mundialista aquí hace tres años. Mañana saldrá cuarto, se encontrará el terreno más asentado y conocerá las referencias de sus rivales. Tendrá la oportunidad de ser el primer ganador con los coches de la nueva era, de despedirse definitivamente, antes el espejo y la galería, de ese cliché de irregularidad que le vino aparejado con la pesadilla polaca.
Otro que puede hacerse amigo del orden de salida es Ogier. Aunque ayer cometió algún error, hoy ha conseguido dos scratch más y se ha marcado una notable remontada hasta quedarse a menos de catorce segundos del liderato. El francés ya dijo que no estaba dispuesto a ser el segundo del equipo, y de momento está convirtiendo sus palabras en hechos, pues Loeb no parece tener la suerte de cara en esta ocasión y ya han sido dos las piedras que han hecho mella en los neumáticos de su coche... Mañana su tocayo será el último en salir a la pista de los cinco pilotos que han presentado sus credenciales al triunfo. Quedan seis tramos y, si no le vence el ansia de victoria, podría convertirse en el único piloto no nórdico que logra imponerse en este rallye... después de Sébastien Loeb. También sería el primero en darle una victoria al nuevo Citroën DS3 WRC, además en su primera carrera como oficial de pleno derecho, algo que Quesnel celebraría por todo lo alto. Parabienes por doquier, demasiadas etiquetas como para que Ogier mañana no intente hacerse el sueco...