Neuville se corona en la isla de la leyenda

Primera gran victoria del joven belga en las carreteras del Tour de Corse como premio a una brillante actuaci

Neuville se corona en la isla de la leyenda

Nacho Villar

Fotos: IRC Series

La noche de Ajaccio descubrió ayer a un joven de veintidós años feliz, realizado, satisfecho. Su asistencia hervía de gente, todo eran flashes, cámaras, micrófonos y banderas belgas a su alrededor, risas, abrazos, palmaditas en la espalda, congratulaciones -especialmente afectivas en el caso de Marc van Dalen-... Y es que ese chaval con gafas y gesto de buen chico acababa de conseguir algo muy grande: se había graduado, había añadido la primera perla a su currículum de piloto en un territorio único, lleno de trampas y obstáculos, reservado únicamente a los mejores: los tramos del Tour de Corse.


Durante todo el fin de semana Neuville ha demostrado que, pese a su juventud, está preparado para ir rápido y, lo más importante, que posee la casta necesaria para "saber" rodar primero, aguantar la presión -al margen del trompo en el primer tramo del viernes no cometió ningún error de bulto- y afrontar los tramos con la misma determinación yendo al ataque o a la defensiva. Después de dominar el jueves y de mantener su liderato en la segunda etapa, donde Bryan Bouffier y Guy Wilks, los rivales que seguían su marcha, cayeron por su propio peso -pinchazo del primero y accidente del británico-; ayer Neuville no desaprovechó la ocasión y acudió a la cita con la victoria que el destino le había preparado.


Aunque en la primera especial del día le concedía 8"9 a Kopecký que reducían su diferencia con el checo a 14"5, en el siguiente hizo el scratch y batió al de Skoda por solo 0"3, suficiente para indicarle que la presión, como a los mejores tenistas, no le hacía mella. Para el segundo bucle Thierry decidió dejar en la asistencia una de las dos ruedas de respuesto que había cargado en los dos tramos anteriores; una maniobra en cierto modo arriesgada que venía a demostrar que el belga quería ganar venciendo. En la duodécima cronometrada precisamente un pinchazo trastocó la actuación de otro de los hombres de cabeza, Andreas Mikkelsen, que se vio obligado a echar mano del gato cuando estaba intentando mantener la tercera posición pese a los incisivos ataques de Loix, que se encontró tercero y líder del campeonato en su regreso a la isla. Pero el líder se mostró indemne a los contratiempos, logró los mejores tiempos de la penúltima sección, y en los últimos compases controló a Kopecký desde la distancia hasta saberse ganador; entonces se dedicó a disfrutar del momento, a poner su mejor sonrisa ante la prensa, y a celebrar su graduación.