Twitter (@NachoVillarin)
El fallecimiento de un espectador a raíz de la salida de pista que sufrió Václav Kopácek en el antepenúltimo tramo del recorrido revistió de tristeza y crespones negros la atmósfera del Barum. A raíz de la trágica noticia, poco importaba ya el resultado final del rallye. La competición había pasado a un segundo plano. Y las expresiones de júbilo y alegría que debían inundar las carpas de Skoda se apagaron entre lágrimas y gotas de lluvia en el mediodía de un trágico domingo funesto, plomizo y gris.
De no ser por el fatídico suceso que tiñó de luto el rallye en sus últimos compases, la de ayer debería haber sido una jornada memorable y festiva para los integrantes de la marca checa. En especial, para su piloto más consagrado, Juho Hänninen.
El finlandés se anotó su primera victoria en el Barum, por delante de Kresta y Kostka, subió por tercera vez en lo que llevamos de temporada a lo más alto de un podio del IRC, un campeonato en el que sólo ha realizado cuatro participaciones este año, y, lo que es más importante, logró su cuarto triunfo en el Europeo, asegurándose matemáticamente la corona continental a falta de tres rallyes para la conclusión del certamen.
Intercontinental Rally Challenge, Copa del Mundo S2000, Campeonato de Europa... Porque el ánimo y el ambiente no eran los más propicios para descorchar botellas de champán, pero la racha de éxitos de estos últimos años que redondeó ayer Hänninen merece una celebración por todo lo alto cuando las condiciones se presten a ello. Con esta tercera corona, el finlandés se ha reafirmado como el gran virtuoso de la categoría S2000, como el hombre más talentoso de la factoría Skoda. Si la lógica tuviese algo que ver con la realidad, la temporada que viene deberíamos verlo en el Mundial pilotando un WRC. Desde luego, méritos ya le sobran. Enhorabuena, Juho.