La Fórmula 1 más imprevisible y caótica ha vuelto a hacer acto de presencia sobre circuito de Interlagos. Tras más de una hora de retraso debido a las lluvias y la reticencia de la FIA a dejar rodar a los coches en estas condiciones, el Autódromo José Carlos Pace presenció una jornada para el recuerdo. Lando Norris logró la pole position con su McLaren, pero el gran delirio de la afición hispanohablante vino de la mano de Fernando Alonso, quien logró exprimir su Aston Martin AMR26 para colarse por primera vez en la temporada en la codiciada Q3, asegurando una formidable octava plaza de salida tras las sanciones de la parrilla.
Tras posponerse la acción por la acumulación crítica de agua, los monoplazas salieron a pista calzados exclusivamente con gomas de lluvia extrema, enfrentándose a un auténtico festival de aquaplaning y correcciones constantes en plena recta principal. El debutante local Rafael Câmara y otros gallos de la categoría sufrieron las inclemencias de un asfalto impracticable donde mantenerse sobre la trazada era una auténtica heroicidad. En ese escenario de supervivencia absoluta, los reflejos y el pilotaje puro volvieron a marcar la diferencia frente a la pura aerodinámica de los bólidos.
El momento álgido de la jornada para la estructura de Silverstone llegó en los compases más delicados de la clasificación. Desafiando las evidentes carencias de competitividad mostradas por el monoplaza verde a lo largo del año, Fernando Alonso leyó las condiciones del agua mejor que nadie. Con una conducción propia del ovetense que rozaba la perfección en cada curva, el asturiano superó con solvencia el primer corte y mantuvo el tipo en una Q2 donde otros pesos pesados flaquearon, firmando el billete para una Q3 histórica que sabe a victoria moral para el equipo británico.
Mientras el genio asturiano celebraba su pase a la ronda definitiva, la sesión dejó damnificados de peso. El equipo Alpine fue uno de ellos, desvaneciéndose en la Q1 sin opciones de oponer resistencia. En paralelo, hombres fuertes como Max Verstappen -condenado a arrancar desde el fondo de la parrilla por penalizaciones por cambio de componentes- optaron por dosificar esfuerzos, mientras que jóvenes promesas como Arvid Lindblad y el propio Câmara protagonizaban salidas de pista que obligaban a sacar la bandera roja.
La resolución de la Q3 se convirtió en una ruleta rusa contra el crono y la llegada de más lluvia, así como la visibilidad decreciente. Con la pista volviéndose cada vez más impracticable en los minutos finales, Norris clavó un giro sensacional de 1:27.470 que le valió para certificar una incontestable pole position. Muy cerca se quedó un ambicioso George Russell, cuyo enfado con su muro de ingenieros (al pedirle que levantase cuando optaba a hacer la pole) se hizo patente por radio al ver frustradas sus opciones de liderar definitivamente (aunque realmente no iba a ser pole, pues también tiene 5 puestos de sanción en parrilla). La combinación de sanciones en la parrilla terminaría reordenando la parrilla.