Twitter (@NachoVillarin)
Ayer -domingo-, en el mismo país donde se estaba disputando la duodécima carrera de F-1 de la temporada, uno de los hombres que, probablemente, si el destino no fuese a veces tan caprichoso, debería haber estado recibiendo en ese momento el cariño de los tifosi en el autódromo de Monza, se convirtió en protagonista indiscutible de la actualidad automovilítica del fin de semana.
Un año y medio después de sufrir un desafortunado accidente que estuvo a punto de costarle la vida cuando pilotaba en Italia un vehículo de rallyes de los que tanto le han gustado desde crío, Robert Kubica, uno de los grandes talentos de la F-1 moderna, quiso regresar a la esfera automovilística, hacer ver a los más incrédulos, ante todo, volver a sentirse piloto, participando, mal farios a un lado, en un rallye regional italiano, la Ronde Gomitolo di Lana, al volante de un Subaru Impreza S12 WRC del equipo First Motorsport.
Nada más conocer la noticia, la afición se entregó en masa para brindarle su apoyo a un piloto con un talante bondadoso y afable que siempre ha tenido facilidad para ganarse el cariño de la gente. Y, afortunadamente, como les debería ocurrir a todas las buenas personas, el retorno de Kubica a la competición fue un éxito, un homenaje de sonrisas satisfechas, la justa recompensa al esfuerzo y la capacidad de superación de un piloto que sólo quiere volver a ser el que fue.
El polaco se anotó una contundente victoria, dominó la competición de principio a fin, marcando el mejor tiempo en las cuatro pasadas por el tramo que monopolizó el recorrido, y cruzó la meta con casi un minuto de ventaja sobre el MINI John Cooper Works WRC de Omar Bergo.
Por mucho que la Ronde Gomitolo di Lana no contase en su plantel de inscritos con pilotos del talento y la experiencia del polaco, que un hombre que hace tan solo unos meses no sabía si iba a poder volver a vivir desde dentro, con un volante entre las manos, la que ha sido siempre su pasión, su forma de vida, haya logrado subir a lo más alto del podio en su regreso con la competición frente a monturas de gran nivel, representa, indudablemente, una de esas historias felices que permiten a uno reencontrarse con la cara más alegre de la vida. Bienvenido de nuevo, Robert.