El Mundial de Rallyes está cada vez más cerca de tachar de su lista de tareas pendientes una de sus mayores obsesiones: la conquista del mercado estadounidense. Tras una intensísima semana de evaluaciones sobre el terreno, la FIA ha dado por concluido de forma muy positiva el candidate event del Rally US, una inspección a fondo de siete días liderada por los delegados del organismo internacional junto a los responsables del WRC Promoter, ACCUS y la American Rally Association (ARA).
El examen no se limitó a la pura teoría, ya que el despliegue incluyó la supervisión directa del Rally de los Bosques del Sur de Ohio, sentando unas bases lo suficientemente sólidas como para que el propio Mohammed Ben Sulayem haya reafirmado públicamente su compromiso personal de devolver el certamen a Norteamérica.
Las carreteras de los estados de Tennessee y Kentucky fueron el escenario de unas inspecciones que vigilaron con lupa desde la seguridad en los tramos hasta la compleja logística médica. El plan de la organización local no deja cabo suelto, proyectando los centros neurálgicos y parques de asistencia en enclaves con tanto músculo industrial como Knoxville y Nashville.
Como bien apuntaba Marc de Jong desde la promotora del campeonato, la región no solo ofrece tramos espectaculares y una enorme tradición de motor, sino que representa el corazón de la fabricación de automóviles en el país, un argumento de peso que entusiasma a las marcas implicadas en la categoría reina.
Con el informe de los delegados en fase de redacción y sensaciones inmejorables en el ambiente, el gran objetivo está fijado con total claridad en el horizonte: la temporada 2027. Aunque todavía quedan flecos que pulir y meses de duro trabajo de despacho y adecuación de normativas, la estructura del Rally US ha demostrado madurez y capacidad de sobra para albergar una cita de calibre mundial. Cuatro décadas después de su última aparición en suelo estadounidense, el WRC se prepara para abrir un nuevo camino, ahora en Norte América.