Twitter: @WRCSergio
Cuando hablamos del Rally de Monte Carlo siempre nos viene a la cabeza el frío, el Col de Turini, las especiales por el puerto y sus inmediaciones de Mónaco, las madrugadas y su fondo oscuro plagado de hogueras... pero hay un factor, otro, que resulta ser denominador común en todas las ediciones: las horquillas. No es el único rally que tiene, evidentemente, pero son muy simbólicas y yo, personalmente, cuando hablo del rally monegasco siempre me gusta recordarlas. Porque indudablemente son una imagen de la prueba y también de los pasos de montaña franceses.
Quiero comenzar con los grupo A (ya en sus años finales), los Kit Car y los primeros WRC. Corría el final de los noventa y, como notábamos en nuestro día a día, parecía que todo iba a cambiar con la entrada del milenio. Coches cada vez más desarrollados, cunetas abarrotadas y pilotos capaces de hacer las delicias de todos y cada uno de los presentes. La época del apogeo de las cintas de VHS con una calidad de imágenes y sonido que no vamos a olvidar nunca.
Y llegó el nuevo siglo y el nuevo milenio, y trajo novedades. Los grupo A pasaron, poco a poco, a un segundo plano mientras que los WRC 2.0, grandes y pesados armatostes que podían moverse con gran ligereza entre curva y curva, acaparaban todas las miradas y halagos. Comenzaba la época del 2000 y con ella la época de la electrónica y la informática que acabría teniendo un peso incuestionable en el mundo de los rallyes.
Cada vez más grandes y espectaculares, los WRC 2.0 se acercaban a su final. A partir del año 2006 o 2007 vivimos su mejor época con coches que aún siguen haciendo mucho ruido a día de hoy.
Y llegó el final de los WRC 2.0 para dar paso a los WRC 1.6, más pequeños y, según un respetable sector, más estáticos. No obstante no dejan de ser espectaculares y la mayor atracción del escaparate "rallístico".
Hemos visto pasar por ellas toda la historia del 'Monte'. Han vivido muchas décadas y han visto cambiar y transformarse el mundial de rallyes. Ya no es sólo el Monte Carlo y su frío, y su Col de Turini, y su especial por el puerto de Mónaco, sus oscuras madrugadas salpicadas por hogueras. Ahora es también el Monte Carlo y sus horquillas, unas veces heladas, otras veces secas, pero siempre espectaculares. El rally de las horquillas.