Lo de Kimi Raikkonen es difícil de entender. El díscolo piloto, excampeón del mundo de F1, brillante al volante de cualquier aparato de cuatro ruedas, y que sabe vivir la vida como pocos, aunque sabe también mantener estrategicamente la boca bien cerrada, ha vuelto a liarla.
Este Rally de Francia podía ser su punto de inflexión. Era una prueba de asfalto, a priori su especialidad. Tenía experiencia en los tramos galos, y tras dos semanas hablando sobre su posible retorno a la F1, tocaba ver si su futuro en el WRC aún tenía sentido.
Comercialmente era viable la primera temporada. Se había levantado una buena polvareda con su llegada al Citroen Junior Team, pero la cantidad de accidentes que tuvo, mezclada con la falta de progresión le mandó al ostracismo de correr con su propia escudería, sin patrocinio prácticamente para este segundo año.
La muerte de su padre le ha tocado, y mucho, y ya no disfruta tanto haciendo su trabajo. Si le preguntas por su futuro, dice que ni él mismo lo sabe, y está abierto a plantearse todo.
Pero esta mañana parece haber mandado al traste cualquier posibilidad de seguir en los rallyes de manera "seria". Y es que un despiste como el que ha tenido, que le puede pasar a cualquiera, ojo, al final se va a traducir en muchos titulares sobre su "incapacidad" de rendir en el WRC.
El finlandés marchaba camino del comienzo de la SS3 agitando el coche a los lados para conseguir temperatura en los neumáticos cuando ha impactado por detrás a Henin Solberg, y al tratar de evitar males mayores se ha caído a una zanja en el lateral de la carretera, que ha ocasionado la rotura de la suspensión de su DS3 WRC y su inmediato abandono de la prueba.
¿Punto y final en los rallyes para "Iceman"? Llámame ventajista o aprovechado, pero me da en la nariz que la próxima vez que lo veamos correr en serio volverá a ser en un GP de F1.