Se acabó la espera. La afición canaria ya puede ir descorchando las botellas de champán. Después de una temporada preñada de triunfos, Luis Monzón acaba de sentenciar de una vez por todas en la lluviosa noche llanisca -y, paradójicamente, desde la distancia de su querida y templada isla- el Campeonato de España de Asfalto que lleva liderando con autoridad manifiesta desde que la temporada diera el pistoletazo de salida a finales de marzo, en las carreteras insulares.
Su perseguidor más próximo en la general del certamen, Alberto Meira, estaba obligado a ganar en el oriente asturiano para seguir postergando la coronación de Monzón. Sin embargo, como el vigués no ha podido pasar de la séptima posición, el canario -que ha estado siguiendo el rallye con pasión e interés a través de las redes sociales- ha podido cantar, feliz, el alirón de su segundo entorchado nacional.
Monzón (vencedor de todos los rallyes de la temporada celebrados hasta la fecha, a excepción del Rías, donde pinchó cuando iba líder) se ha proclamado Campeón de España de Asfalto por segunda vez en su carrera deportiva, al volante de un MINI John Cooper Works WRC mantenido por el equipo de Pedro Burgo, con el que el piloto satatuteño cumplió los pronósticos esbozados a priori, pasando por encima de sus rivales rallye tras rallye.
Monzón ha conquistado de nuevo el Nacional doce años después de haberlo hecho como piloto oficial de Peugeot Sport España. Fue en 2001, a los mandos de un 206 WRC con el que alcanzó, al fin, el tan ansiado cetro por el que pujó hasta la extenuación durante años con Chus Puras.
La segunda corona española en el palmarés de Monzón ya tiene un hueco reservado en su vitrina. Una vez superado este reto que se había marcado a sus 47 primaveras, probablemente ahora el canario pueda ya colgar los guantes regocijado, colmado y satisfecho por todo lo que ha conseguido a lo largo de varias décadas como piloto profesional. Enhorabuena, Luis.