La primera vez que conocí a Jaime Alguersuari fue por coincidencia en una pista de karts catalana, concretamente en Sils. El chaval ya era toda una estrella por aquel entonces, y un diamante en bruto que caía en manos del equipo Red Bull de jóvenes promesas.
Habrá quien diga, con conocimiento de causa, que si no fuera hijo de quien es (señor de Alesport, es un cumplido positivo), no estaría donde está. Pero como un editor de un famoso blog me dijo un día: “yo no tengo culpa de ser nieto de quien soy”.
Alguersuari es bueno, es muy bueno. Es un piloto de esos que le dan al coco, que aprenden mucho, y que saben administrar el riesgo. Si ha de hacer cuarto para ganar un campeonato, se centrará en hacer cuarto, y no luchará estúpidamente poniendo en riesgo mecánica y su pellejo por conseguir otra cosa. Si a alguien le recuerda a Prost, que vuelva a pensarlo.
Puede que en ese sentido, como quedó demostrado en su carrera de karting o en la F3 británica sepa administrar puntos, pero no es tan “cerrado” como el francés. Alguersuari sabe, como todo buen piloto, quejarse cuando toca quejarse, y hablar claro y alto.
Jaime es un buen tipo, prosigo, pues tuve la oportunidad de conocerle unos años después, ya con charla de por medio, en las World Series by Renault, justo antes de que le cayera el papelón de sustituir el asiento de todo un Sebastien Bourdais. Allí demostró no tener la cabeza llena de pájaros, y saber lo que quería ser, y que para eso, le iba a tocar pasarlo muy mal.
Cuando te toca sustituir a un tipo que ha ganado campeonatos como la Indy como si fueran carreras de patio de colegio, las expectativas son muy elevadas, y aquel año no lo hizo del todo mal, más sabiendo que llegaba a un sitio al que no había podido acceder con el entrenamiento adecuado.
La F1 es un deporte necio, superficial, revanchista... Está muy lejos de lo que debería ser. Así que el catalán llegó a un coche que un año antes había ganado una carrera en manos del ahora imbatible Vettel. Pero es que aquel Toro Rosso era un Red Bull de Adrian Newey con el motor Ferrari en su mejor momento en años.
A Jaime le ha tocado bailar con la más fea. El coche ya no es competitivo, porque el mafioso mayor, léase Ecclestone, se empecinó con la FOTA en prohibir que los equipos de un mismo empresario compartieran chasis y técnica, y obligó a reestructurar a Toro Rosso y recuperar su capacidad para hacer coches propios en Faenza, algo que nunca había dado buen resultado.
Así las cosas, a día de hoy Alguersuari tiene que ir de carrera en carrera buscando puntuar, sin más ambición que machacar a Buemi, que si bien puede que sea más talentoso a una vuelta con un F1, y a prestaciones puras, también es verdad que no es tan atento con el equipo de ingenieros, y el apartado de política y conocimiento del Gran Circo no lo lleva tan bien.
Alguersuari, como Buemi, Kovalainen, Rosberg... ganaría carreras en un coche competitivo. Y solo entonces, cuando tuviera un coche capaz de ganar carreras cada día, podríamos valorarlo contra Alonso y compañía.
Pero entre todo este jolgorio, el otro día Montse nos contó que Jaime había sacado un disco, y algunos se quedaron con cara de póker. ¿Jaime como DJ con un single? Y eso me lleva a la tercera vez en la que coincidí con el piloto catalán. Fue el año pasado, en el Barcelona Music Conference, donde pinchaban algunos de los grandes talentos del trance. Y el piloto supo controlar la sala como controla su monoplaza.
Aprende muy rápido, y como es un afortunado, famoso y conocido, cuando quiere meterse en algo nuevo, lo tiene más fácil que todos esos que queremos hacer algo, pero no somos “nadie” y no tenemos un euro en el bolsillo.
Al margen de eso, no sólo es que tu pasta y tu fama te coloque ahí. Y a pesar de que mi amigo Sergio, también editor aquí, en RevistaScratch, y un servidor pensábamos que Jaime era un mero comparsa de los platos, que atraería más público por nombre que por talento, hoy he escuchado su primer single, y he de quitarme el sombrero, y como amante de la electrónica decir: Eres grande Jaime. Eres un grande a los platos. Y aquí no me hace falta verte al volante de los últimos Technics para asegurarlo.
Así que ya sabes, Jaime, si te despiden de Toro Rosso y no consigues un asiento “bueno”, te quedará sitio en los clubs como el Opium de Barcelona, donde te escucharemos con mucho gusto. Pero me da en la nariz que Aabar y Cepsa no te van a dejar ir demasiado lejos de tu coche... La cosa es si lo hacen ya competitivo, o te tienes que tirar otro año más cavando en la mina esperando un hueco que deje Webber, mientras Ricciardo lo sigue haciendo bien.
Eh, ¡pero Daniel no pincha (discos, al menos, las Pirelli sí)!