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WRC
 

A la caza de un Sébastien

En Citroën tienen claro que necesitan un líder, un piloto especial, para volver a sus no muy lejanas épocas victorias. La disyuntiva es clara: repescar a 'Seb' Loeb o decantarse por 'Seb' Ogier

24/08/2017 | Raymond Blancafort | Fotos: Citroën Racing | Leído: 2449

En enero de 1996 Giovanni Agnelli se dirigió al personal de la Scuderia Ferrari de forma muy explícita y directa: “Os he dado todas las herramientas técnicas que me habéis pedido. Ahora os traigo la última pieza: el mejor piloto del mundo. Ya no hay excusa para no ganar”.


Fue en la presentación de Michael Schumacher como piloto de Ferrari. Es lo mismo que Yves Matton le gustaría posiblemente oír a a Carlos Tavares, presidente del grupo PSA cuando presente los planes deportivos de Citroën para 2018.


Y eso significaría que el equipo francés vuelve a tener a Sebastien en sus filas. La incógnita es saber si será ‘Seb’ Loeb o de ‘Seb’ Ogier. El primero, el gran campeón de todos los tiempos. El segundo está considerado como su sucesor natural. Entre ambos han copado los últimos 13 títulos mundiales, pero la química entre ellos no es que sea nula, es que es negativa. Se repelen, como polos idénticos de imanes. Su cohabitación no es que sea explosiva sino que es energía de fisión, una bomba de neutrones que hizo salir en su día del equipo a Ogier y para quien volver a Citroën sería un retorno triunfal.


Los recientes ‘test’ de Loeb con el C3 WRC han abierto a muchos la ilusión de un retorno del campeonísimo francés en busca -cual Valentino Rossi en MotoGP- de la décima corona.


El sueño de Matton es tan lógico como difícil de cumplir. Loeb ya accedió a un test sobre asfalto. Repitió en tierra. Y ya se habla de un tercer test. La tentación del retorno del francés planea sobre la afición. Una doblemente rentable operación -al menos sobre el papel- desde el punto de vista de resultados (si es que cuatro años alejado de la especialidad no resultan demasiados) y sobre todo de marketing.


Pero sospecho que si en Citroën ‘tentaron’ a su estrella no fue tanto para ‘convencerla’ de un retorno -al menos como primer objetivo- como por el hecho de encontrarse un tanto perdidos en la dirección que deben seguir en el desarrollo del C3 WRC. Pero también convencidos de que el rally, a diferencia de la F1, es una disciplina ‘de pilotos’.


Es el feeling de éste, su habilidad para tomar notas y ‘recordar’ el terreno en apenas dos pasadas a baja velocidad y su talento un componente esencial en el resultado.


Cierto, sin buen coche nada es posible, pero un a diferencia de las carreras en circuito sobre las carreteras y caminos plagados de trampas, el mejor coche no puede dar el triunfo a un piloto cualquiera, mientras que el mejor talento puede dar la victoria a un coche que no sea el mejor. Se dice que en la F1 actual el piloto cuenta menos del 20% en el resultado; en el WRC su contribución se acerca o incluso puede superar al 50%. Un error siempre pasa una elevada factura: no es el perder unos pocos segundos como ‘una excursión’ por la escapatoria asfaltada en un circuito, sino que arruina un resultado.

 

Y en el fondo es precisamente éste, el lado del talento como piloto, el que sospechan en Citroën que falla.


El teórico líder del equipo, Kris Meeke no parece estar dando la talla; talento y rapidez no le faltan, pero la presión parece excesiva para él hasta el punto que prefirieron hacerle descansar una prueba para recargar pilas.


Sus compañeros, Craig Breen o Stephane Lefebvre tampoco muestran la regularidad necesaria. El recurso a Andreas Mikkelsen parece haber dado un pequeño balón de oxígeno al equipo. Pero el problema de la puesta a punto del C3 WRC sigue latente.


Un problema de equilibrio que quizás no se deba ni al aumento de potencia, ni al trabajo de las suspensiones, sino que podría tener otra causa. Quizás Meeke y compañía no acaban de coger el ‘feeling’ a la reintroducción del diferencial central pilotado; es una herramienta que mejora las prestaciones, prohibida en su día precisamente por eso y por costes, pero que exige que el piloto se adapte a ella. Y si no logra, es difícil encontrar el feeling, la confianza. El coche acaba por sorprenderte y acabas fuera… o no vas deprisa. Y Loeb es, junto con Latvala, uno de los pocos pilotos que vivió aquella época, 2003 y 2004, ‘full electronic’ en el Mundial de rallyes.



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