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En el Rallye de Argentina Hirvonen demostró por primera vez desde que fichó por Citroën estar en condiciones de pelear de tú a tú con Loeb.
El finlandés se colocó en primera posición en el cuarto tramo, tras la retirada de Solberg. Loeb marcó su segundo scratch del día en el siguiente, situándose en cabeza del rallye. Pero su compañero le respondió en la última cronometrada de la jornada, ganando su primera especial del fin de semana y colocándose a una sola décima de 'Seb'.
El sábado, el francés marcó el mejor tiempo en el tramo que abría la jornada, ampliando a 3"9 su diferencia sobre Hirvonen, pero el finlandés fue el más rápido en los dos otros dos de ese bucle, acercándose a 2"1 de Loeb, que a punto estuvo de salirse de la carretera.
A pesar de la escasez de la diferencia que separaba a sus dos pilotos en el ecuador de la segunda etapa, Yves Matton, el jefe de Citroën, decidió aplicar órdenes de equipo y les dijo a sus pilotos que aseguraran el doblete y mantuvieran las posiciones que ocupaban hasta ese momento, con 'Seb' primero y Hirvonen siguiéndole de cerca.
El finlandés dejó de atacar como le habían ordenado, y se alejó a 7"2 del alsaciano una vez terminada la penúltima jornada. Pero, el domingo, como si a la hora del desayuno hubiese decidido desobedecer y no ahuecar, comenzó el día marcando mejor crono que Loeb en los dos primeros tramos y acercándose a sólo dos décimas en la general del francés, que, a diferencia de Mikko, sí contaba como referencia con los parciales que iba marcando su compañero.
Faltaban sólo tres tramos para el final y la ventaja de 'Seb' no llegaba al segundo y medio. Pero, tras la asistencia de media mañana, Hirvonen se alejó de esa fotografía de rebelde que, por momentos, le asemejó a Ogier, volvió a levantar el pie, y, jugando el papel que había representado Latvala con él en varios rallyes el pasado año, acabó dejando vía libre a Loeb para que se apuntara sin estridencias una cómoda victoria por quince segundos.