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Un anorac que valió una corona

Recuerdos sobre el Rallye Acrópolis y el Sanremo

Con Coca-Cola | Raymond Blancafort

La semana pasada se disputó el Rally Acrópolis y esta es la semana del Rally de Italia. Dos pruebas emblemáticas en el mundo de los ralies aunque muy distintas de las de hace 27 años.


El Acrópolis ya no puntúa para el Mundial y el Rally de Italia ya no es el San Remo (¡que manía la de ‘despersonalizar’ los rallies haciéndolos la prueba del país y no denominándolos por la zona donde se disputa) sino el de Cerdeña.


Pero en 1990 estas pruebas, separadas en el tiempo ya que el San Remo se disputaba a mediados de octubre, fueron muy especiales para mí…. y para Carlos Sainz y Luis Moya. Supongo que para la afición española también. El Acrópolis, porque fue la primera victoria de Carlos. El San Remo, porque se coronó campeón allí.


Del Acrópolis de aquel año recuerdo su dureza sin par; era su característica y algunos pilotos consideraban que era más duro que el propio Rally Safari. Atenas era punto de inicio y final, pero los tramos, pero la prueba discurría por los tramos más duros que imaginarse puedan: Bauxite Bay,Kinetta, Harvati, Kaloskopi, Karroutes y el mítico Tarzan. Tramos tan duros que el año anterior habían provocado el abandono de los Toyota oficiales con el chasis simplemente partido.


Sainz se mostraba confiado antes de la prueba “porque los ensayos han ido muy bien” (recordemos que entonces se entrenaba con el coche de carreras y sin limitación alguna) y Luis Moya -como buen gallego sabe que “meigas, de haberlas hailas”- estaba escamado, porque todo ha ido demasiado bien.


Sainz estuvo controlando la prueba. Tomó el mando en la 9ª de las 48 especiales, tras un buen duelo con su compañero Mikael Ericsson. Sólo lo perdió momentáneamente en la 20º especial a manos de Kankkunen. En una carrera ‘de demolición’, Carlos mantuvo la calma. Incluso cuando tras el durísimo tramo de Tarzan, en la última etapa, KKK se colocó a sólo 26” de él, recuperándole un total de 20” en las primeras especiales de la última etapa. Pero con terreno ya no tan rompedor, Sainz marcó tres scratch seguidos y amplió la ventaja a 36” a falta de las dos últimas especiales. Los únicos problemas de Carlos fueron algún pinchazo y una rotura de servoasistencia, pero que le costó poco tiempo.


De aquel rally recuerdo paisajes espectaculares. Me llamó la atención sobre todo el Paso de las Termopilas, allí donde ‘los 300’ de Leonidas de Esparta intentaron detener al ejército de Jerjes. No entendí mucho el desarrollo de la batalla hasta que me di cuenta que el escenario no era el mismo: en aquella batalla el paso estaba junto al mar, mientras que hoy el Mediterráneo ha retrocedido unos cientos de metros. También recuerdo las fotos de las típicas especiales de la zona de Meteoros… el parque cerrado de Vougliameni y la pescadería/restaurante del cabo Sunion, donde la prensa española acostumbramos a cenar.


Pero sobre todo, recuerdo la magna Acrópolis, a cuyo pie Carlos y Luis recibieron el Trofeo de Ganadores, su primera victoria del Mundial; ¡sólo tardaron 20 rallies en conseguirla! Un momento intenso y profundo, lagrimillas incluidas, viendo como se izaba la bandera y se tocaba el himno en torno al vencedor. Lo soñado, que apenas un año antes parecía más sueño que posibilidad se había convertido en realidad. Confieso que guardo muy pocas fotos mías de carreras…. pero la que me hicieron con Carlos y Odón Martí la guardo como oro en paño.

 

DOS TROPIEZOS EN EL MISMO ÁRBOL


En el San Remo Sainz tenía su primer ‘match ball’. Pero las dos pruebas que restaban en el calendario tras la italiana eran el Bandama -al que no iban a acudir los equipos oficiales- y el RAC británico, una lotería.


El San Remo era en casa de Miki Biasion, su rival cara al título, piloto de Lancia. Una prueba muy especial, con los tramos de asfalto de los Alpes que ‘aislan’ San Remo de Francia, las pasadas por Paso Ghimbena, que abrían y cerraban la prueba y un largo desplazamiento de enlace -más de 500 km de autopista- hasta las especiales de tierra de la Toscana. Recuerdo que en Siena no encontramos habitación (no existía Booking, claro, e íbamos un poco sobre la marcha, y tuvimos que meternos cuatro en lo único que hallamos. También las cenas en San Remo, en ‘La Chiesa Russa’, a tiro de piedra de la permanente del Rally, frente a una iglesia rusa, donde el Sr. Carmelo y familia nos atendían de forma espectacular


La prueba fue un toma y daca entre ambos hasta que Carlos tomó el mando en la 14ª de las 34 especiales. Pero todo pudo perderse en la última especial de Toscana, San Martino in Colle. Carlos volcó, Luis intentó calmarlo y pudieron poner el coche sobre cuatro ruedas y proseguir como buenamente pudieron cediendo 2’30”. Biasion, que venía detrás, vio el anorac del campeón en un árbol y se despistó, volcando a su vez y abandonando.


La prensa española, que estábamos a final de esa especial, teníamos el corazón en un puño. Primero viendo que Carlos no llegaba y luego, comprobado que era Miki quien no aparecía. El abandono del italiano, sin embargo, no era suficiente: Sainz tenía que avabar tercero en la prueba. Pese a los 2’30” perdidos estaba cómodo tercero ya que cuando se salió disponía de 1’32” sobre el desaparecido Biasion y 1’40” y 1’46” sobre los otros Lancia de Aurio y Kankkunen; la superidoidad del ‘Matador’ estaba fuera de toda duda. Pero a falta de las especiales de asfalto nocturnas del día siguiente… y con el coche hecho unos zorros, la colonia española cruzaba los dedos.


Pero eran otros tiempos. La asistencia era libre y las había en cada final e inicio de especial. Lo más importante,habían 500 km de autopista entre el final de la especial y el parque cerrado, lo que daba 3 horas para trabajar. Y Toyota llevaba siempre, en un remolque, un ‘mármol’ para enderezar chasis. La reparación surtió efecto y Sainz conservó sin problemas la tercera posición… y el título. Un título que hizo que Juanjo Lacalle y Carmelo Ezpeleta se fundieran en un abrazo bien regado con lágrimas.


Claudio Lombardi, el responsable de Lancia, dijo que Carlos había tenido la suerte de los campeones. Ya había superandoun  vuelco similar en Argentina, cuando supo del abandono de KKK. Y en este última etapa del San Remo pero sus inmediatos perseguidores, Dario Cerrato y Alex Fiorio, le concedieron un minuto en la primera especial nocturna, por un trompo y un pinchazo.


Un título que Sainz gestó a lo largo de todo el año en detalles. Inscribiéndose en Nueva Zelanda -no previsto inicialmente- sólo una hora antes del cierre de las inscripciones, llevando a su ouvreurs a los entrenamientos del 1000 Lagos o convenciendo a Ove Andersson para correr el Safari, que tampoco estaba previsto 

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