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Camilli, Bertelli y la vacuna monetaria para M-Sport

El cambio de alineación deja entrever más de un apuro para el preparador de Cumbria

03/12/2015 | David Durán | Fotos: Press (WRC) | Leído: 4276

Twitter (@TheDDuran)


Por si no ha quedado ya evidenciado, no son tiempos fáciles para los equipos que no cuentan con apoyo oficial de marcas, sea la disciplina automovilística que sea. En Fórmula 1 es abrumador, en turismos evidente y en rallyes comienza a ser ya una diferencia casi insalvable, una barrera que casi supone un motivo para crear un subcampeonato para equipos privados en el Campeonato Mundial de Rallyes. Pese a ello, M-Sport continúa luchando sin el apoyo directo de Ford contra los gigantes del WRC, Volkswagen Motorsport, Hyundai Motorsport, Citroën Racing (cuando vuelva) y Toyota Gazoo Racing (en cuanto haga acto de presencia). Ahora bien, esto tiene un precio.
 

El equipo de Malcolm Wilson ha cambiado su alineación completa en apenas unas semanas, pasando de contar con Elfyn Evans y Ott Tänak a alinear a Mads Ostberg, Eric Camilli y Lorenzo Bertelli – si bien Ostberg es una apuesta segura, probada y con experiencia dentro del equipo, los otros dos pilotos han hecho levantar más de una ceja. No porque no tengan talento ni velocidad, sino por lo que se evidencia tras estos dos pares de mano.
 

En primer lugar, el italiano – sucesor directo de la línea de ropa de lujo Prada – fue un aspirante al título en la categoría WRC2 en su primer año, un hecho encomiable. Ahora bien, conocedor de que tendrá que asumir parte del negocio en unos años, dio el salto a la categoría máxima y descubrió por la vía dura la diferencia entre las dos categorías – accidentes y problemas mecánicos en casi cada uno de los trece eventos de 2015, en más de una ocasión acumulando abandonos dobles en un mismo fin de semana, tanto por error humano yendo al límite como por falla de su Fiesta RS WRC.
 
 

Ahora se embarca en una temporada junto a M-Sport como tercer piloto, asumiendo gastos mientras que son otros quienes gestionan su equipo, liberándolo de esa tarea (cuando militaba en Fuckmatiè World Rally Team tenía que asumir tareas de logística además de ser el piloto del equipo). La lógica de hacerse con los servicios del italiano no tiene mucha complicación: Sin un patrocinador importante a sus espaldas, M-Sport ha llegado hasta donde ha llegado sobre todo a base de construir (buenos) coches, venderlos y reparar toda la chapa de los Fiesta R2, R5 y RRC/RS WRC que se ha amontonado en los tramos desde que la normativa de los WRC 1.6 entró en vigor. Hasta ahora no ha tenido la suerte de Volkswagen con Red Bull o Citroën con Abu Dabi – así como Khalid Al Qassimi en sí.
 

El caso de Camilli también tiene un trasfondo interesante: el francés, aupado hasta el panorama internacional gracias al apoyo de la FFSA (un ejemplo que ojalá siguieran otras federaciones a nivel europeo), tiene poca experiencia con World Rally Car…en concreto, pruebas con la mula de pruebas del Toyota Yaris WRC, ni siquiera una prueba a nivel nacional – aunque hay que recordar que la FFSA no selecciona a cualquiera. Su carrera comenzó en el Volant Peugeot en 2008, sin dar un salto a una prueba fuera de Francia hasta 2014 – el Rallye de Alemania, donde dentro de la categoría JWRC acabó fuera de carrera por accidente.
 

En todos estos años, Camilli sólo ha ganado dos carreras en su categoría cuando corría con el DS3 R1 en 2013. Cierto es que una buena temporada 2014 en la que todas las carreras que acabó fueron podios salvo el Tour de Córcega con un vetusto 207 S2000 le abrió paso al test de jóvenes pilotos de Toyota en septiembre de 2014, del cual salió elegido junto a Teemu Suninen. La apuesta de hacerlos correr con dos Fiesta R5 (construidos por M-Sport y gestionados por Oreca) viene gracias al dinero que ha puesto Toyota a cambio de hacerlos competir de manera que acumulen experiencia en los tramos del mundial.
 

Ahora bien, según informa el diario L’Equipe, Camilli disputaría en M-Sport tanto 2016 como 2017, enfrentándose a la versión final del Toyota Yaris WRC que él mismo ha ayudado a desarrollar durante esta temporada. Esto pone en duda si el acuerdo entre M-Sport y Toyota continúa en pie o se ha visto afectado por algún motivo (por ejemplo por el enfrentamiento entre Tommi Mäkinen, encargado de hacer el Yaris WRC, y TMG, con quien Camilli tenía contrato en un principio).
 
 

En esta temporada con Oreca ha terminado con tres podios (segundo en Alemania, en Gales después de liderar casi toda la prueba y tercero en Córcega) dentro de una categoría tan competitiva como es WRC2. A lo largo del año ha sido capaz de superar al joven Suninen (quien tanto con el Fiesta R5 como con un viejo Fabia S2000 ha mostrado mucho ritmo y madurez para su edad) en una temporada marcada por el dominio de los Skoda Fabia R5, pero eso no quita que su llegada a la categoría máxima no goza de los mismos éxitos que otros pilotos como Stéphane Lefebvre o, antes que él, Thierry Neuville y Sébastien Ogier. Es importante remarcar que esto no priva de manera absoluta probabilidades de éxito, pues hay pilotos que maduran y se adaptan mejor en la cúspide sin haber arrasado en todas las categorías inferiores – fue el caso de Fernando Alonso en su ascenso en monoplazas hasta la Fórmula 1, aunque el asturiano mostraba velocidad desde bien temprano.
 

M-Sport necesita victorias y resultados para poder sobrevivir contra Volkswagen y Hyundai en 2016 – y para ello está Ostberg. Al mismo tiempo es necesario desarrollar el Fiesta de 2017 con la mayor efectividad posible, pues no en vano el chasis del Fiesta es una gran base entre los coches activos en el WRC actual (sólo que no cuenta con el potencial económico para desarrollarlo como los otros). Darle la oportunidad a pilotos jóvenes es importante e incluso valiente por parte de Wilson, pero ahora es el turno de Camilli y Bertelli (además de Ostberg, claro está) para ver si pueden luchar con los pesos pesados del mundial.
 

Sacrificar a Tänak y Evans (otros dos jóvenes que han recibido un trato más propio de la Scuderia Toro Rosso) puede salir bastante caro, aunque Wilson puede retener a Evans para desarrollar el Fiesta RS WRC de 2017. En todo caso, va a ser una temporada en la que el equipo y sus tres pilotos necesitan aguantar cada uno de los envites que les aguardan a partir de Montecarlo.



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