A falta del último tramo, las cinco vueltas finales al Circuito del Jarama, el campeonato se había convertido en una quimera para Monarri. Si quería proclamarse Campeón de la Challenge Renault, el piloto de Majadahonda necesitaba ganar entre los Twingo en Madrid y terminar, además, entre los diez primeros del rallye. Y, antes de tomar la salida desde la calle de boxes del legendario trazado de la carretera de Burgos, figuraba primero en la monomarca del rombo pero undécimo en la general absoluta, a 8"9 del Ford Fiesta R2 de Surhayen Pernía, paisano de Marcos Barquín, el máximo rival del madrileño. Una diferencia a falta de tan solo 18 kilómetros que se antojaba insalvable a no ser que el joven cántabro cometiese algún error.
Pero, a veces, el azar, el destino, o como quieran llamarlo, interviene en nuestras vidas para brindarnos momentos de emoción y felicidad. Y, en esta ocasión, el regalo le tocó a Monarri.
Poco después de iniciar la última pasada por el Jarama, Antonio de la Reina, octavo antes de ese tramo, vio cómo la rotura de un palier de su MINI Cooper preparado por RMC truncaba en los postres un rallye sensacional por parte del madrileño. El vehículo anglo-alemán pasó por la recta de tribunas con llamaradas en los bajos de su coche, y a su piloto no le quedó más remedio que detenerse poco después.
Tres minutos más tarde salió Monarri. Su copiloto, Rodrigo Sanjuán, estaba preocupado. "Olía mucho a valvulina y nos asustamos", reconoció a posteriori el mostoleño. La tensión se mascaba dentro del Renault Twingo R2 de la pareja madrileña. Sin embargo, tan solo unos metros después, el temor por una posible avería se tornó en explosión de júbilo, cuando vieron que De la Reina había tenido que detener la marcha irremediablemente con su coche averiado, un abandono que les empujaba al décimo lugar de la general, suficiente para llevarse el título.
Las últimas vueltas al Jarama fueron eternas para Monarri. Pero, por fin, llegó la meta. Alberto detuvo su coche en el carril de boxes del Circuito del Jarama. Llegó al control con los discos de freno al rojo vivo y una sonrisa ladeada en su rostro sudoroso, satisfecha pero algo incrédula. Se golpeó el casco con las dos manos en varias ocasiones como si quisiera autoconvencerse de que no estaba viviendo un sueño, que, en efecto, lo habían conseguido, que habían logrado proclamarse Campeones de la Challenge Renault en los metros finales por tan solo medio punto de diferencia respecto a Marcos Barquín...
Así fue: Monarri y Sanjuán se adjudicaron el título en su primera temporada en la monomarca del rombo gracias a su cuarta victoria del año sobre el cántabro, autor de una destacada actuación en los tramos de casa para su rival, y a esa décima posición en la general, conseguida in extremis, que fue la que acabó abriéndoles la puerta del campeonato cuando ya lo daban prácticamente por perdido. Y es que, a menudo, las alegrías más inesperadas son, de hecho, las que mejor saben...